Yo no quiero disiparme ni guardarme nada
y abro las ventanas por si acaso
¡viento franquea, devasta, suspírame en los labios!
que yo te canto y te seduzco en las cisuras, descarada,
nunca me abandonaré a la suerte que me encuentre,
yo dirijo mi cintura caminando por la línea discontinua,
levantando el talco, acicalando albero
y aún así me solicito alguna cita,
algún recuerdo que me ilustre del revés,
no desando, ni hay atajos,
solo aprendo
y si me he visto, no me acuerdo.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Martes 14 AUTOPSIA DE UN DICIEMBRE VIII
Con el velo verde y la mirada presa
te espero,
puede llover de mil maneras
mientras surcan mis raíces las honduras,
me arraigo y me lacto de mi tierra,
la bautizo, nuestra,
subyugada al reto de tenerme firme
apuntalando mis sentidos con columnas corínticas
y ser cariátide, perseverarme en piedra o esmeralda,
soportar un templo laico,
un collage a la medida de nosotros
al que nunca fustiguen ni los hurtos ni las penas,
el altar orgánico de los días que no fueron selva,
invernáculo en cristal tallado
enfatizando cada rayo que lo aviva
sobre dos cuerpos deshojados,
sudando savia y yertos entre nitratos.
martes, 14 de diciembre de 2010
Lunes 13 AUTOPSIA DE UN DICIEMBRE VII
Dos eran dos
los mismos que lastimaron al tiempo
y le dieron quiebro en sus espaldas,
dos que no se arrepintieron por lo que no habían hecho
cuando no debían, dicen, creo,
y a la luz de madreperlas proclamaron
dibujaron labios con la palma de la mano
y se acariciaron sin tocarse,
se aman.
El muérdago ya balancea sobre el lecho,
y las palabras sobran, bailan,
nada desvanece cuando no se oxida,
cuando no coexiste ni respira,
germinan las simientes del invierno
en el parterre del jardín celado.
los mismos que lastimaron al tiempo
y le dieron quiebro en sus espaldas,
dos que no se arrepintieron por lo que no habían hecho
cuando no debían, dicen, creo,
y a la luz de madreperlas proclamaron
dibujaron labios con la palma de la mano
y se acariciaron sin tocarse,
se aman.
El muérdago ya balancea sobre el lecho,
y las palabras sobran, bailan,
nada desvanece cuando no se oxida,
cuando no coexiste ni respira,
germinan las simientes del invierno
en el parterre del jardín celado.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Domingo 12 AUTOPSIA DE UN DICIEMBRE VI
Yazco en el purgatorio de los versos,
donde el remanso de la castidad destila tinta
y se remonta y atormenta entre reservas,
no se apacigua
entre frazadas huérfanas de cumbres,
pétalos de agua hilvanados con estigmas.
Me adormezco susurrando algo,
labio con labio en la almohada
y no entiendo exactamente las palabras,
quizá más tarde, cuando la sombra me adule
alzará con mi afonía castillos de marfil
que entre mis dedos diestros
serán el arte que persigo,
quizá más tarde coseré unas alas a la lluvia
y embeberé las lunas con azules,
quizá pueda entender porqué este sueño entre la hierba,
este grito que se acalla y desfallece por un solo aliento,
espero como el que si espera,
he aquí un condición que me delata.
donde el remanso de la castidad destila tinta
y se remonta y atormenta entre reservas,
no se apacigua
entre frazadas huérfanas de cumbres,
pétalos de agua hilvanados con estigmas.
Me adormezco susurrando algo,
labio con labio en la almohada
y no entiendo exactamente las palabras,
quizá más tarde, cuando la sombra me adule
alzará con mi afonía castillos de marfil
que entre mis dedos diestros
serán el arte que persigo,
quizá más tarde coseré unas alas a la lluvia
y embeberé las lunas con azules,
quizá pueda entender porqué este sueño entre la hierba,
este grito que se acalla y desfallece por un solo aliento,
espero como el que si espera,
he aquí un condición que me delata.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Sábado 11 FIGURAS INTRÍNSECAS Y TRANSFERIBLES IX
Detrás del último escalón zapateaba un rayo
que sin pronóstico se acicalaba de tormenta.
El febril apego a su tierra prometida
estremecía a los ganados
y espantaba a los sensatos
convirtiendo en estéril
su devastado idilio con la corteza de escarcha.
Y de la apariencia al fuego
y del fuego al crematorio de lo arcaico
expiando hasta al indiantre con azufre,
no hay mejor enmienda que increpar lo que está ardiendo,
paseando bajo tierra y dormitando en el arrojo de la lava.
viernes, 10 de diciembre de 2010
Jueves 9 AUTOPSIA DE UN DICIEMBRE V
Sonámbula en este baile de barajas
me codeo con las reinas y bufones errantes,
ingreso entre la multitud con un ojo en cada mano,
así no pierdo el norte
ni la perspectiva sometida al laberinto,
el mismo que me sueña o es soñado.
Me visto en tafetán purpureo,
en la crepuscular manera de sentirme fuego,
calcino al tiempo y su derecho de pernada,
me despertaré dentro de nada, y entre nada, duermo.
me codeo con las reinas y bufones errantes,
ingreso entre la multitud con un ojo en cada mano,
así no pierdo el norte
ni la perspectiva sometida al laberinto,
el mismo que me sueña o es soñado.
Me visto en tafetán purpureo,
en la crepuscular manera de sentirme fuego,
calcino al tiempo y su derecho de pernada,
me despertaré dentro de nada, y entre nada, duermo.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Miércoles 8 AUTOPSIA DE UN DICIEMBRE IV
Estoy de vuelta al vaho de las ollas
bisbisando aliento en mi faz,
cada mínima expresión se torna una papiroflexia,
un museo de pequeñas formas y terrones
que aderezan mis conductas cognitivas.
Me cuido de las quemaduras y me aceito las manos,
poco más que menos, despacio, mascullando los tempos,
y he aprendido que el silencio no me gusta,
de hecho, no me sirve,
aunque sea un grillo, yo lo escucho,
aunque sea el primigenio instinto curioso.
Quiero rebañar con mis nudillos las cadencias mudas,
relamerme sin pensar en protocolos
y así llego al punto de carencia, el clímax.
bisbisando aliento en mi faz,
cada mínima expresión se torna una papiroflexia,
un museo de pequeñas formas y terrones
que aderezan mis conductas cognitivas.
Me cuido de las quemaduras y me aceito las manos,
poco más que menos, despacio, mascullando los tempos,
y he aprendido que el silencio no me gusta,
de hecho, no me sirve,
aunque sea un grillo, yo lo escucho,
aunque sea el primigenio instinto curioso.
Quiero rebañar con mis nudillos las cadencias mudas,
relamerme sin pensar en protocolos
y así llego al punto de carencia, el clímax.
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