sábado, 23 de abril de 2016

El aire lo suplica exhalando las corolas y agua-tintas
“Verde que te quiero verde” y sin espinas.
Mitológico, nostálgico y donoso.
Aire conmovido y lenguaraz, un libertino,
buscando la complicidad de un beso, un verso,
de ese labio que se reconcilia en pétalo y aroma
convertido en flor o en bisbiseo.
Una ocurrencia parabién del tiempo,
de lo que pervive y muere equidistante.
La inmortalidad de lo que queda escrito
con la efímera lindeza de una rosa.
Las calles se angostan en abrazos carmesí
y se solazan con el Aire postulado en bruma,
bruma que se almizcla con los tallos verdes
y el albor, perfume de rocío.
“Notre balade” con la renacida frente,
los embriagados sentidos, las pupilas rezagadas,
enamorados de este olor a página vetusta o neonata
presta a ser un bienvenido más de nuestras vidas.

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