domingo, 30 de octubre de 2011

Mecenas de mis conspicuos instantes,
los instantes de la piel,
la piel que habla y ya no calla
porque tiene una visión,
una adepta que me asombra
en cada estremecida madrugada.

Ella, desprendida de sus luces,
dadivosa al regalarme en un cerrar de ojos
el abrazo, el beso, el roce de un gemido
que deja de ser eco y vuelve.
Me persiguen los momentos
Jugamos a las escondidas y les dejo,
me encuentran, los encuentro
y las miradas se tornan asombros
estudiando un nuevo movimiento,
acompasado.
Yacemos en el antecedente,
somos esta minuciosa imperfección
de polvo que se agita,
que se hace una amalgama en el tamiz del tiempo,
nos contrae, nos dilata,
hace un émbolo en el aire retorcido
y nos confiere un solo instante sempiterno.

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