jueves, 13 de enero de 2011

1301**11

Levitando jamelgos de crin de cepa,
alimentando a mordiscos las gargantas
encuentro el premioso trasnochar de los abrazos,
sonámbulos y noctívagos jinetes
que se enredan entre las riendas de párpado
mientras se alborotan los irracionales jacos.

Se despojan de lo que no apresa
y aprenden expeditos de su germen
a transitar sobre el angosto alcor del sosiego.

Cuando la piel ya no se concibe como escama
y deja de ser una seda hilvanada de equiláteros meandros,
se deslíe el párvulo principio de los sin finales.

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