jueves, 8 de septiembre de 2011

Novicia en la perplejidad de los golpes
disimulo un cárdeno desliz,
sigo siendo la neófita de mi trastienda.
No volveré a tener más miedo de mi sombra,
me cobija y solo tengo una,
y aunque lejos me quede la facultad de ser árbol
puedo agradecer su lejanía, existe.
Ya no pintaré de sepia estos pasajes,
amarillean sin auxilio
y con su menudeo consecuente
se tornan cenicientos.

martes, 6 de septiembre de 2011

El hábito que enluzco
profesa en esta mácula que exige un precio,
se declama incorruptiblemente
en los apéndices partidos.
El  eterno “yo” del sin y con las prisas,
una confesión interminable urdida con perfumes
sobre un cendal  de hilo que ahora esconde un rostro
y desempeña  la perplejidad de un gesto en el sudario,
el rostro subrepticio de los días.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Este sabor  frugal se simplifica tanto,
que apenas reconozco los sentidos
y se embrollan en la disensión.
Desmenuzo parte de la parte,
agoto los instintos que me desorientan
y me gozo, me desafían los aromas,
sibarita,
epicúrea de reminiscencias,
anegada en esta atmosfera salina
con olor a piel,
a sábana nodriza y alcahueta
que me asienta en cada roce sibilino.
En un solo segundo puedo dilatar el tiempo
y me recreo,
soy tus labios, soy mis besos,
soy tus manos, soy el trémulo apetito,
la codicia,
el silbido del silencio antagonista
templado y perentorio.

jueves, 1 de septiembre de 2011

El otoño de mis calendarios, nunca falla, por más que los abone,
los irrigue y agasaje, siempre se deshojan.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Me he despertado enredada entre la telaraña de un suspiro,
no dejaba de tejer en el hilero de mi respiración,
tejía y tejía ante la atenta perplejidad de un ojo vuelto insecto.
El aliento era una canilla,
la mirada un propósito.
Se avecinaba un invierno tardío y rengo.

martes, 30 de agosto de 2011

EL FARO

Se desprendía  un haz de luz
por la remisa grieta
del cristal esmerilado
de mi torso.
Un diapasón
regulaba la cadencia tímida,
purpurea y  esplendente,
una estela para un solo parpadeo.

lunes, 29 de agosto de 2011

Se hizo una peineta con las raspas
y las pintó bruñendo un corte limpio de su vena,
venció el presagio de su objetividad
y se derramó en la alegoría del océano.