lunes, 28 de marzo de 2011

Domingo 27 UN AROMA,UN MUNDO

El olor de aquella arena penetrada por las briznas
hacía que los recuerdos me convocaran como testigo.
Postulada en el suburbio de memoria
podía perderme en sus calles,
¡quería perderme en sus calles!
y canturrear alguna melodía sufragada.
Apenas me acordaba de los nombres
y su fisonomía era un “dejà vú” del no recuerdo,
me recreaba en el ritual por disiparme y encontrarme
rescatada bajo los asombros de una lluvia de favilas.
La recordación, mi excusa predilecta para habilitar aromas
y hacer erudición de cada instante meritorio,
una escuela de melancolías adiestradas
capaces de reconocer mi rostro junto al tuyo
sin distancias ni confinamientos que lo impidan.

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