jueves, 2 de junio de 2011

Miércoles 01 AUTOPSIAS

 
Se han condensado los efugios al tiempo
en forma de jaculatorias tatuadas a mi espiración
y averiguan la inquietud en cada rincón de mi torso
que transpira en tonos verdes y azulados.

Es una península hacia el núcleo de mis desenlaces,
lances que transcurren por su propio hospicio,
cismáticos, intrépidos por asaltar la sima
vaciando las arterias henchidas de rocío.

Y quiero que me puncen  los silicios del deseo
con la sangría expiándome en las cuencas,
santificar mis lágrimas purpureas.

Y me consumará la suerte de la sombra, crinando el disimulo,
sin separarse ni un momento de su horma,
que ya ha dejado de ser pie para entallar las huellas.

martes, 31 de mayo de 2011

La mirada,
el disparo más certero que conozco.
Dime como miras sin palabras,
directo, sin remordimientos,
prefiero morir tras el atisbo sincero de tus ojos
a vivir en el placebo de un espejo.

Lunes 30 EL SUEÑO ETERNO

Frecuentamos los mismos nidales,
desatinados por la inercia de pupilas reincidentes,
homicidas, con la voluntad quebrada
y capaces de tornar la partitura de una aria,
en un viaje, que contemporiza rebañando las retinas
con las lisonjas de una principiante incauta.

lunes, 30 de mayo de 2011

Domingo 29 INDIGNADOS

Desde el misérrimo regaño
me sojuzgo por saber lo que no tiene casa,
lo que me embebe por gotero
con micras de sinónimos vertidos.
La  indignación es efeméride que se desvela
en la sombra de los soles sin adeudo,
los motivos desemejan,
las consecuencias conciertan
y las personas siguen siendo estando,
aunque las tiñas deshojen
con hedor a pétalo sin fondo.

sábado, 28 de mayo de 2011

VIERNES 27 CAPITULAR

Mi vida, empezó en un cambio de sentido,
un silencio trazaba tu perfil con la estación  de fondo
en ese clandestino elenco que sería partener de tantas noches;
nuestros nombres, en el anonimato de los versos
fruncían sus temores junto al hierro,
yo desde mi neto  y tú desde el andén del miedo.

Mi cuello se mostraba dócil con tus letras, con mis prisas,
se escanciaba el aire en el vaivén de tus momentos,
otro mundo ajeno,  pero próximo a mis sueños;
no sentía que mis manos cercenadas
eran aquel miembro mutilado que sentía,
que adulaba mis encantos como nunca quiso hacerlo
y cortejaba cada asomo a tus retinas
 para contemplar veredas,
madrugadas sin el tiento a las agujas.

Y el mundo se hacía más pequeño,
podía ver el vaho en el cristal de nuestro anhelo,
cauto e impulsivo por naturaleza y duende,
casto y alegórico
por desempeño del dolor y el no saber.

En el renglón de nuestro tiempo,
todo eran instantes, únicos e intransferibles,
sin miras hacia el suelo más lejano.

Sobrevivir a lo que parecía naufragado
era una locura sin ilustraciones,
con un pasado pasado y un presente atomizado,
desasosiego por el saldo de entender lo  arduo;
y desde el dintel de la distancia,
 se oía el murmullo de los trenes
tus trenes, las calandrias
y los besos anidando
en cada nube de vapor imaginario,
piel de nube engalanada de tormenta
para recibir los besos,
para dominar la espera
en el acorde de un lugar sin firmamento.

Los inviernos, pusieron hielo a los raíles,
hicieron del verano bendición para las manos,
bautizaron al lugar sin lengua,
y ajusticiaron los albores.

jueves, 26 de mayo de 2011

LA RESEÑA DE MIS OJOS

Sensorialmente emergen las voracidades del tacto,
que de tan nuestro y tan calado me asalta como un puño
con pulsaciones de latido y su genuino placer por golpearme.

Mi inconsciencia se exhibe esclava,
corolario inagotablemente fértil
que adula a mis temblores esenciales
y al trémulo parpadeo que intuye el momento,
el “cualquier momento” acertando con tu rostro,
un perfil endiabladamente humano,
una rendición para el exiguo espacio ilusorio,
alertado, purpúreo y zozobrado en un piélago dócil, en calma,
mareado por la posma del deseo retentivo,
del instante,
un instante redivivo tras el  exánime gemido del gozo,
un gozo que reconciliará mi sueño junto a mi conciencia.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Martes 24

La brisa que armoniza los afanes
sembrados de mi conspicuo recuerdo,
es de su diseminado aliento
humedeciendo las esporas de durazno
de un cuello sumiso al verbo,
entregado por completo y sin reservas
a lo que ya tiene nombre de regreso.