sábado, 23 de abril de 2011
Sábado 23 de abril de 2011 FELIÇ SANT JORDI !!
Al abrir los ojos y enroscarme entre las sábanas puedo comprobar que sigo caminando, que mis pensamientos me persiguen y que la suma sigue y resta. Menguan las esperas, mengua la lluvia, mengua el viento, mengua la noche y se enriquece el baluarte de los sentimientos que atesoro por segundos cada vez que recuerdo quien soy. Dime con quien vas y te diré y me diré, dime con quien despiertas, ¡dile al mundo desde el febril antojo de los días, que la vida puede más que las mil palabras que avizoran el alba!
Vienes 22 UN MISMO TODO
Me gusta,
desvestirme tras los telones entornados
y mostrar la cara acaudalada de la lividez
buscando el resuello del alba
al que no alcanzan las lunas
y escuchando los rumores
que trepanan hacia el exterior.
Me gusta,
cuando se acomoda el muro de cemento para contemplarme,
para golpearme con algún prejuicio
al que me aventuro a descubrir sin titubeos a los ojos,
no me importa,
me interesa la penumbra y el calor de los cristales,
somos de la misma suerte,
un solo ser de un todo necesario
que se nutre con el mismo puño y letra
que aquel muro de cemento,
que los rostros que vislumbran, que el ojo ciego,
que las dudas, los prejuicios,
los cristales, las penumbras, las auroras, el calor,
el beneplácito de los objetos,
la acción de respirar del mismo aire
y aquel espacio que no existe
sin esta luz que nos permite calibrarlo.
desvestirme tras los telones entornados
y mostrar la cara acaudalada de la lividez
buscando el resuello del alba
al que no alcanzan las lunas
y escuchando los rumores
que trepanan hacia el exterior.
Me gusta,
cuando se acomoda el muro de cemento para contemplarme,
para golpearme con algún prejuicio
al que me aventuro a descubrir sin titubeos a los ojos,
no me importa,
me interesa la penumbra y el calor de los cristales,
somos de la misma suerte,
un solo ser de un todo necesario
que se nutre con el mismo puño y letra
que aquel muro de cemento,
que los rostros que vislumbran, que el ojo ciego,
que las dudas, los prejuicios,
los cristales, las penumbras, las auroras, el calor,
el beneplácito de los objetos,
la acción de respirar del mismo aire
y aquel espacio que no existe
sin esta luz que nos permite calibrarlo.
viernes, 22 de abril de 2011
Jueves 21 DE PIE Y COCINANDO (I)
Hemos suplantado a a este invierno
que aparentaba ser inaccesible y tardío
en el réquiem de tesones sin determinar,
sin amanecer ni un solo día sin la plasticidad del retozo,
el mismo que oscila entre las luces prematuras
de un afrutado bodegón de corolarios.
Hemos aprendido a ser este descaro de la piel
tan lejano de afligirse
y que enloquece de frescura
cuando sabe la mesura de transcribirse en pedazos,
tantas veces como se derrumben los espacios en blanco
en la singular escuela del desgarro a quemarropa.
Hemos hecho de un contagio amortajado
el paralelo de las noches enrocadas,
un hueste de pasiones ostensibles
que se atempera como anillo en el cuello.
que aparentaba ser inaccesible y tardío
en el réquiem de tesones sin determinar,
sin amanecer ni un solo día sin la plasticidad del retozo,
el mismo que oscila entre las luces prematuras
de un afrutado bodegón de corolarios.
Hemos aprendido a ser este descaro de la piel
tan lejano de afligirse
y que enloquece de frescura
cuando sabe la mesura de transcribirse en pedazos,
tantas veces como se derrumben los espacios en blanco
en la singular escuela del desgarro a quemarropa.
Hemos hecho de un contagio amortajado
el paralelo de las noches enrocadas,
un hueste de pasiones ostensibles
que se atempera como anillo en el cuello.
jueves, 21 de abril de 2011
Alcanzo a ver un pedazo de cielo en el enmarque de mi percepción, se funde con las hiedras en cada expresión del pincel que salpica mi rostro con la ebullición de la savia despierta, se florea la mañana sin vergüenza, mientras que a mí la vergüenza me sobra, mirando con el rabillo azulenco de tanto achicar los ojos cuando el sol me ensombrece.
martes, 19 de abril de 2011
Martes 19 MI ENFERMEDAD
Me precipité con la piedra ligada en la contractura de mis hombros
y pude distinguir el lodo de aquel cauce distraído.
El surco pétreo era una estela de reguero
cargado de intenciones
que peinaban aquel rostro tartamudo,
de ahora agua, ahora fango, ahora nada.
Mis manos libres de cualquier corriente, farfullaban,
aspiraban ser una pequeña muestra de bravura
hablando con los ojos travestidos de sargazo,
que apenas, podían distinguir aquel perfil de extremidades,
una disensión contra las formas sin posibles,
una lucha sin la contingencia registrada,
todo dicho en el bagaje de la dicha con soberbia
y la pericia de vivir importunando moscas
o auscultando el pálpito en las rocas.
Un augur de albures por si acaso
en este trance de caminos atorados
en su posibilidad de comprar aire,
aire para respirar, sencillamente,
para ser y estar pagando el suelo que se pisa,
para elegir el ser sin ser un nombre,
o escuetamente un vago comentario en el desfile de las lenguas.
Esta soga se despliega frente al caudal de los días,
me da cuerda para someter mis miedos y el arrojo
en una jarcia de jactancias y escenarios.
Soy la caridad de las palabras que se mojan,
este bien que tampoco poseo
pero tengo en usufructo médico prescrito
para resistir la anatomía de un mundo demasiado caro.
y pude distinguir el lodo de aquel cauce distraído.
El surco pétreo era una estela de reguero
cargado de intenciones
que peinaban aquel rostro tartamudo,
de ahora agua, ahora fango, ahora nada.
Mis manos libres de cualquier corriente, farfullaban,
aspiraban ser una pequeña muestra de bravura
hablando con los ojos travestidos de sargazo,
que apenas, podían distinguir aquel perfil de extremidades,
una disensión contra las formas sin posibles,
una lucha sin la contingencia registrada,
todo dicho en el bagaje de la dicha con soberbia
y la pericia de vivir importunando moscas
o auscultando el pálpito en las rocas.
Un augur de albures por si acaso
en este trance de caminos atorados
en su posibilidad de comprar aire,
aire para respirar, sencillamente,
para ser y estar pagando el suelo que se pisa,
para elegir el ser sin ser un nombre,
o escuetamente un vago comentario en el desfile de las lenguas.
Esta soga se despliega frente al caudal de los días,
me da cuerda para someter mis miedos y el arrojo
en una jarcia de jactancias y escenarios.
Soy la caridad de las palabras que se mojan,
este bien que tampoco poseo
pero tengo en usufructo médico prescrito
para resistir la anatomía de un mundo demasiado caro.
Hacerme fuerte,
en la impaciencia de este cuello que se acuerda de los labios
y sortear,
la supremacía de los tiempos
para no expirar en sus argucias.
en la impaciencia de este cuello que se acuerda de los labios
y sortear,
la supremacía de los tiempos
para no expirar en sus argucias.
No pretendo hacer de cada lacrimal una cantera
para ahondar en el repertorio de mis huesos,
pero de este corazón tangible,
haré un estribo de tenacidad y verbo.
para ahondar en el repertorio de mis huesos,
pero de este corazón tangible,
haré un estribo de tenacidad y verbo.
domingo, 17 de abril de 2011
Domingo 17 ESTE SILENCIO
La casa permanece en un silencio de aquellos,
un silencio de estos,
un silencio de bronce
que no se amolda a este crisol entre calizas.
Los labios se resecan en la intención
de por lo menos respirar,
pero subsisten en intentos vagos,
macilentos, asiendo humo
y terciando gestos a un espejo sordomudo.
Este silencio es la permuta del murmullo,
de la música que ceden las sonrisas
y agudizan surcos en las comisuras
que ahora cantan, ahora gritan, ahora piensan
y se extrañan del relente de las paredes con eco.
La acústica de las humedades y el roce
se hace todavía más latente
cuando las habitaciones son blancas
y rezuman los vestigios de jaleo y algazaras
un silencio de estos,
un silencio de bronce
que no se amolda a este crisol entre calizas.
Los labios se resecan en la intención
de por lo menos respirar,
pero subsisten en intentos vagos,
macilentos, asiendo humo
y terciando gestos a un espejo sordomudo.
Este silencio es la permuta del murmullo,
de la música que ceden las sonrisas
y agudizan surcos en las comisuras
que ahora cantan, ahora gritan, ahora piensan
y se extrañan del relente de las paredes con eco.
La acústica de las humedades y el roce
se hace todavía más latente
cuando las habitaciones son blancas
y rezuman los vestigios de jaleo y algazaras
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